Cuatro regalos para darles a tus hijos esta Navidad (y ninguno viene envuelto)
- Centro Candil

- 24 dic 2025
- 2 Min. de lectura

La Navidad es una época llena de ilusión, luces y pequeños rituales familiares. Los niños esperan con emoción los regalos, y muchos padres buscamos la manera de dar obsequios que realmente tengan sentido. Quizá has escuchado esa regla que sugiere regalar cuatro cosas: algo que quieran, algo que necesiten, algo para leer y algo para usar. Es una idea preciosa, porque nos ayuda a equilibrar y a no perder de vista lo esencial.
Pero además de esos detalles que hacen tanta ilusión, también podemos regalar otras cosas que no se compran y que muchas veces son las que más perduran en el recuerdo. Pequeños gestos, palabras y momentos que, aunque no vayan envueltos en papel de colores, dejan huellas profundas en la vida de un niño.
Por eso hoy quiero proponerte cuatro regalos diferentes, que no reemplazan a los demás, sino que los complementan y nos recuerdan qué es lo más importante en estas fechas.
1. Escucha atenta
A veces pensamos que jugar o estar presentes basta, pero escuchar con atención es otro nivel de amor. Preguntarles cómo se sienten, qué piensan, qué sueñan. Dejar a un lado el teléfono y regalarles nuestra mirada y nuestra disposición. Ese gesto les dice: “lo que dices es valioso para mí”.
2. Palabras que construyen
Un regalo intangible pero poderoso son las palabras. Decirles cuánto los queremos, reconocer sus esfuerzos, motivarlos a creer en sí mismos. Las frases de aliento y cariño se convierten en la voz interior que los acompañará toda la vida.
3. Tradiciones que perduran
Inventar un ritual familiar – preparar chocolate caliente cada Nochebuena, escribir deseos para el año nuevo, cantar una canción especial – les da a los niños un sentido de pertenencia y un recuerdo que podrán repetir incluso cuando crezcan y formen su propia familia.
4. Tu tiempo
El regalo más valioso de todos. Si lo piensas, cada uno de los anteriores – escuchar, decir palabras que construyen, crear tradiciones – en el fondo implica regalar tiempo de calidad. Y ese es justamente el mayor tesoro que podemos ofrecerles. Porque al final lo que los niños atesoran no es la perfección de un momento, sino la certeza de que estábamos allí: presentes, atentos, disponibles. El tiempo compartido se convierte en recuerdos, en vínculos y en amor del que no caduca.
Los regalos materiales se disfrutan y llenan de ilusión, pero los regalos del alma son los que permanecen en el corazón. Esta Navidad, además de lo que vaya bajo el árbol, piensa en lo que quieres sembrar en la vida de tus hijos.
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